FORTALECER EL DEBATE ELECTORAL PARA PROPICIAR LA MEJORA DE LA GOBERNANZA

“Para conjugar el proyecto de país que exige la coyuntura actual tenemos que decodificar el discurso político para impulsar una nueva forma de gobernar, elegir mejores gobiernos y resolver la desigualdad y la pobreza que amenaza el tejido social.”

Dra. Eneida Torres de Durand

Directora Ejecutiva

Centro de Gobernanza Pública y Corporativa


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Mejorar la gobernanza pública y la democracia exige decodificar el discurso político y fortalecer el debate público. En los últimos cuarenta años, Puerto Rico ha experimentado grandes desafíos para enfrentar el complejo proceso de generar reformas político-electorales y la formulación e implantación de mejores políticas públicas, con el objetivo de fortalecer la calidad de la gobernanza y transitar hacia un desempeño institucional más eficaz y eficiente que contribuya al fortalecimiento de la democracia. Asimismo, el País se enfrenta a grandes presiones y retos que demandan respuestas más ágiles y eficientes a situaciones complejas como la corrupción sistémica, el cambio climático y el aumento en la desigualdad y la pobreza que implican un nivel alto de dificultad e incertidumbre para la gobernanza pública.

Frente al desconcierto que genera el desgaste del proceso político de nuestros tiempos tenemos que ser capaces de posibilitar un diálogo deliberativo para aportar calidad en la reflexión, el análisis y la generación de conocimiento y confianza para producir cambios sustantivos en la economía y en la sociedad. Es reconocido que el ambiente antagónico, conflictivo y polarizado que vivimos responde a que el sistema democrático no está siendo capaz de hacer plausible la promesa de futuro que está en el origen de su configuración.

En estos tiempos turbulentos la sociedad necesita una visión y formas nuevas de hacer gobierno, política y economía. Si seguimos aplicando la receta actual nos seguirán arropando la desigualdad, la pobreza y la violencia. Necesitamos un cambio profundo y radical, de lo contrario seguirá aumentando el desasosiego y generando más desigualdad y deshumanización de la sociedad. Urge una regeneración de raíz, un saneamiento profundo, una nueva gobernanza y una cosmovisión social renovada.

Ante al discurso polarizado y demagógico incapaz de plantear soluciones viables y producir resultados, ¿el uso irresponsable de las palabras, no nos debería causar indignación que nos traten como ignorantes o infantes? Más que indignarnos por el comportamiento y la demagogia discursiva de la mayoría de los políticos deberíamos preguntarnos ¿qué papel tenemos nosotros que ejercer al respecto? En esta realidad compleja, es crucial que los ciudadanos exijamos que los candidatos presenten sus propuestas, sus ideas y las acciones a implantar con claridad y detalle para solucionar los problemas que enfrenta el país. Hay que pensar y reflexionar sobre lo que los ciudadanos hacemos o no para permitir que la oferta y el proceso político sean tan pobres y malos. En efecto, las declaraciones de algunos políticos son elocuentes de los niveles a los que les hemos permitido llegar.

En las elecciones de 2024, tenemos que rechazar con vehemencia las campañas de miedo, la desinformación, la demagogia y la violencia en el discurso político, que como en otros momentos de la historia no es más que una excusa para desatar desconfianza y escepticismo respecto al sistema democrático y la búsqueda de acuerdos para la convivencia y el disfrute pleno de los derechos humanos de la sociedad. No podemos continuar permitiendo que los políticos nos distraigan y entretengan con trivialidades que no abonan a mejorar la calidad de vida de la sociedad. Hay que exigir que los programas de gobierno y las propuestas de los candidatos y los partidos políticos recojan los problemas apremiantes de los ciudadanos con el fin de aportar soluciones y producir las respuestas que la sociedad necesita.

Los políticos saben que polarizar logra lealtad para movilizar. Se ha demostrado que la polarización política divide a la gente y en realidad lo que nos divide no es tanto la ideología, mucho menos el programa electoral de los partidos, sino el conjunto de valores que nos define. Cuando se habla de polarización se hace referencia al grado de fractura o división que hay en una sociedad entre individuos o grupos por motivos políticos, religiosos, raciales, de clase social, de nivel de ingreso, entre otros. Por su parte, el discurso de miedo es una forma de manipulación cuyo objetivo es crear dudas y temores mediante rumores exagerados de un supuesto peligro. Infundir miedo es una táctica autoritaria e intolerante que evita la democratización.   

Un indicador muy claro del deterioro político y la polarización que existe es la demagogia y la irresponsabilidad con la que se hablan un significativo grupo de candidatos y funcionarios que promueven el miedo y la violencia en el debate político. Lo que se hace en el campo político con el lenguaje tiene consecuencias negativas en la forma en que apreciamos y valoramos la política, por tanto, las declaraciones y las promesas hechas no son inocuas. A modo de ejemplo, hay una extensa colección y expresiones lamentables hechas por los políticos de turno que evidencian una falta de respeto a los ciudadanos. Por mencionar solo algunos casos, las campañas de miedo, los intercambios de insultos y medias verdades entre los candidatos -intrapartido y entre los dos partidos principales- ponen en evidencia el tribalismo y la violencia que atenta contra los sanos procesos democráticos y la posibilidad de que los electores puedan tomar mejores decisiones al seleccionar los candidatos idóneos para gobernar el país.  

Construir la sociedad pluralista, equitativa y próspera a la que aspiramos requiere  configurar una voluntad capaz de llevar a cabo las transformaciones que exige el País para hacer frente a las realidades inaceptables que nos aquejan como la corrupción, el desgobierno, la pobreza y la desigualdad. Más aún, para conjugar el proyecto de país que exige la coyuntura actual tenemos que ser capaces de cerrar la brecha existente entre lo discursivo y lo práctico. No podemos continuar restándole atención a la importancia del proceso electoral y no podemos justificar e ignorar la relevancia de las capacidades de gobierno.

Para promover un diálogo político constructivo en el contexto polarizado de hoy debemos considerar las siguientes estrategias: incentivar el acceso a la información diversa y veraz, propiciar el debate informado a través de la educación cívica y el pensamiento crítico y promover espacios de encuentro y deliberación entre personas con opiniones divergentes promoviendo el respeto mutuo y la compresión de las diferencias lo que generará confianza para movilizar los cambios impostergables para transformar el país.

En tiempos de gran complejidad y turbulencia, se constata que la calidad de la gobernanza, la articulación eficiente en la formulación de políticas públicas y la coherencia y uniformidad del estado de derecho son premisas fundamentales para propiciar el fortalecimiento de la democracia. Para alcanzar esta aspiración se destaca la necesidad de mejorar real y efectivamente el desempeño de los gobiernos y las administraciones públicas, los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales y las empresas en la formación de principios, valores y capacidades para el buen gobierno.

Para conjugar el proyecto de país que exige la coyuntura actual tenemos que decodificar el discurso político para impulsar una nueva forma de gobernar, elegir mejores gobiernos y resolver la desigualdad y la pobreza que amenaza el tejido social. La confianza, como elemento esencial de una verdadera democracia y una gobernanza eficiente se recuperará cuando se mejoren los resultados de la gestión gubernamental, se atiendan la ineficiencia económica, la corrupción política, la incapacidad directiva, la debilidad institucional y la anomía social. Las elecciones de 2024 representan una oportunidad para transformar el País en beneficio del bien común de la sociedad.

Septiembre 2024

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